En lo que respecta al equipo, el partido lo dominó Vélez de principio a fin pero nunca supo cómo ganarlo. Movió la pelota para todos lados, hubo chances no concretadas y eso se pagó con sangre. Cuando el partido ya marcaba un resultado negativo para nosotros, salvo casos contados (Pratto, Cubero, Sosa y Romero), nadie entendió como jugarlo. Excepto esos cuatro nombres, ningún jugador de Vélez jugó una verdadera final. Y acá no se pone en duda la voluntad ni sus ganas de obtener la victoria, sino la capacidad de aparecer en momentos determinados. Vélez pagó carísimo en jugadas puntuales, errores individuales que vienen hace tiempo como puede ser que Domíguez cruce constantemente a destiempo, que a Papa parece que le asustara pegarle al arco o que Cabral parece que va a trabar como un puma y termina poniendo la pata como un pequeño siamés. Y que quede claro que no pongo en duda la capacidad de estos jugadores ni lo mucho que le han dado a Vélez, solo que son cosas que hace tiempo que vienen sucediendo y no han sabido resolverse.
Por otra parte, lo único que puede hacer un entrenador para cambiar el rumbo de un partido una vez que haya comenzado, son los cambios. El técnico habla con las modificaciones y, en eso, Gareca hoy (como hace tiempo) no tuvo las mejores palabras que decir. Sacó al único número 9 que había en cancha y luego de eso Vélez llenó el área de centros. Ni hablar de los ingresos de dos jugadores que está a las claras que no pueden jugar más en el club. Insúa es un fantasma de lo que fue y Copete todavía debe estar esperando el vuelo que no traiga desde Colombia.
Tanto los errores individuales, como la mala interpretación del entrenador durante los partidos, son cosas que se vienen repitiendo desde febrero. De no ser por esa milagrosa y efímera alegría en la Súper Final, el año de Vélez arroja como resultado un décimocuarto lugar (20 puntos) en el Final 2013, eliminación en Octavos de Final en la Copa Libertadores a manos de Newell’s, cachetazo en la primera ronda de la Copa Argentina contra los suplentes de Olimpo y el mediocre Torneo Inicial que el equipo está desarrollando.
Quizás sea momento de un cambio. Debe haber una renovación en el plantel que este técnico no debe ni quiere cargarse. Es probable que Gareca deba tomarse un respiro de Vélez para volver dentro de unos años. El DT nunca encontró el funcionamiento ideal en todo el año y, lógicamente, hay culpa (la mayor parte) también de los jugadores. En medio de todo esto, el balance cerró con un pasivo de más de 100 millones de pesos. En el club, como pocas veces pasa, no está todo bien. Pero tampoco está todo mal. Es momento de barajar y dar de nuevo. Y creo, como supongo que muchos coincidirán, que Gareca no merece estar en esa limpieza que debe hacerse en el plantel, de este plantel que debía bancarlo hoy en la cancha y no lo hizo. Pese a todo, nada hará cambiar mi idolatría hacia el Flaco ni hacia muchos de estos jugadores que tantas alegrías nos dieron. Pero Vélez es más importante que cualquier nombre u hombre. Este club es muy grande y todavía hay muchos de sus hinchas que tampoco lograron entenderlo.
Por Tomás Amerio (@ameriotomas en twitter).





